lunes, 31 de enero de 2011

Ya no está

Ya está, ya no está conmigo.
Solo que yo la sigo viendo, y escuchando sus pasitos, y sus maullidos, hasta que me doy cuenta de que no es ella, son mis ganas de ella.
Mi Job nos acompañó a las dos, el veterinario fue un borde como he visto pocos. Se acabó.
La echo mucho de menos.

lunes, 17 de enero de 2011

Cada cosa en un sitio, y un sitio para cada cosa

La semana pasada estuve cenando en casa de una amiga, monísima, blanquísima,  limpísima, ordenadísima, con un gato precioso que dormía en su camita, tipo anuncio.
Después de la cena llegue a casa, mi casa y analicé:

Jons ( el perro), tiene dos camitas propias en las que dormir, una de día en el comedor, y otra de noche en nuestra habitación.
Jons siempre duerme en el sofá, más concretamente en mi parte del sofá.

Jazz ( la gata) tiene una casita doble de mimbre de Ikea, al lado del radiador en invierno, para dormir encima cuando está sociable, y dentro cuando no quiera saber nada de los demás.
Jazz siempre duerme en el sofá, encima mío, o como último recurso encima de Jons, pero siempre en mi parte del sofá.

Los niños, tienen cada uno su camita y una habitación de juegos estupenda.
Los niños intentan dormir en nuestra cama a menudo, y SIEMPRE juegan en el salón

Mi Job tiene una cama estupenda que comparte conmigo.
Mi Job siempre se duerme en el sofá (en su amplia parte del sofá, libre de más cuerpos) y hay que arrastrarlo a la cama cada noche.

Mi Job tiene un despachito con su mesa, sus archivos, su teléfono..
Mi Job trabaja en el salón
Yo trabajo en la mesa de comer.

Los humanos de casa tenemos una mesa de comedor maravillosa y extensible si hiciera falta.
Comemos en la mesita baja de delante del sofá.

Jazz ( la gata) tiene su cazito de comida.
Jazz necesita sacar la comida del cazito, ponerla en el suelo, y comer del suelo
Jons come cualquier cosa, en cualquier sitio, hasta en nuestro plato si nos despistamos

A Mi Job le regalaron hace poco unas zapatillas.
Mi Job no encuentra nunca sus zapatillas, porque las llevo yo.

No voy a invitar a mis amigas a cenar.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Que alguien me preste una escoba

Por favor, que alguien me preste una escoba… que así podré ser una bruja de verdad.
El gorrito en forma de cono y la verruga en la nariz los apaño en un momento, y el resto ya lo llevo puesto, que no me había yo sentido tan bruja en mi vida.
Este ha sido uno de esos fines de semana de cada dos que la casa se llena de vida, de vida y todos los demás que traen dos churumbeles de 8 y 5 años más una de 4 años a tiempo parcial, que puestos a tener vida en casa, oye, que se note.
Y puestos a que se note, pues vamos a tener uno de esos fines de semana de hacer yoga con uno, repasar lectura con otra y pintar con la última, estudiar inglés con uno, ir a la compra con otra, bañarlos a todos, cosquillear a todos, comer con todos, cenar con todos, perseguir a todos, reñir a todos, gritar a todos, perseguir a todos, reñir a todos, gritar a todos, reñir a todos, gritar a todos… en resumen: sentirme una bruja.
El caso es que no me veo una bruja solamente con ellos, me veo una bruja conmigo y con mi Job, al que gruño cada vez que me dirige la palabra, porque estos fines de semana de cada dos, mi Job y yo sólo hablamos de yoga, lectura (infantil), dibujos, baños, cosquillas y comida. 
Por eso quiero una escoba, porque si hoy me he sentido como una bruja, y eso no lo remedia nadie, esta noche que la luna está como una cunita, y aunque sea encima de una escoba,  yo quiero volar.